Mi #DesafiOSOmiedo 2014: Javier Piquero

Aunque ya han pasado 2 semanas, en las que he desconectado de todo lo que tiene que ver con las carreras, incluido el entreno J; no quería dejar pasar la crónica de una de las pruebas que eran referencia para mi este año, uno de mis objetivos y un fin de semana que tenía marcado en rojo en mi calendario, por muchas razones deportivas y “sentimentales”.

Somiedo, la UTDS, era el segundo gran plato de este año. Desde luego no pretendo compararlo ni en ilusión, ni en preparación, ni en significado a la Travesera, la Travesera juega en otra liga; pero Somiedo suponía un broche de oro a una temporada en la que quería estrenarme en eso que llaman la larga distancia, o convertirme en un “ultrero”, dicho de otra forma. Y desde luego que quería hacerlo a lo grande, apuntando en mi logbook de 2014 la Travesera y la UTDS.

El fin de semana de Somiedo también era especial por otras razones, era especial porque yo había aportado mi pequeño granito de arena en la organización y sentía la prueba como mía, aunque a años luz de lo que se lo curraron Juan, Javi, Sergio,… y otra razón era porque Almu y Pablo (y Leray) iban a estar de voluntarios en el avituallamiento del Coto la Buenamadre.

En lo físico he de reconocer que no iba a Somiedo con las mejores sensaciones; aunque la carrera de Nembra había sido un subidón monumental porque me salió fenomenal para lo paquete que soy; el terminar con una rodilla machacada y con la idea de haber forzado quizá un poco de más se unían a la correspondiente incógnita de cómo recuperaría a 2 semanas de la UTDS.

Pero el pescado ya estaba vendido, y tras un par de sesiones de fisio para alinear las bielas y engrasar la junta de la trócola, tocó irnos a Somiedo el viernes de tarde para unirnos a la gran familia y comenzar a disfrutar del finde.

Cuando llegamos el ambiente ya era un lujo, nos ubicamos en la pequeña pero impecable pensión de Casa Miño, e hicimos tiempo paseando y sobre todo, saludando a la cantidad de amigos que nos reunimos en la Pola. Un breve paso por el briefing de carrera y a las escuelas a cenar todos juntos y a esperar instrucciones de la organización para los voluntarios.

Como veo que la cosa se retrasa y yo mañana tengo cosas que hacer temprano, dejo a Almu y a Pablo esperando sus instrucciones y me llevo a Leray a la cama; así que me doy una noche de sueño reparador, y sobre todo, preparador para lo que viene.

A las 5 ya estoy desayunando (siempre me llevo desayuno conmigo a estas carreras, es lo que tiene ir cogiendo algo de experiencia, dado que a esas horas no te da el desayuno ni el tato), y a las 7 menos cuarto estoy de charla con Santi y con mi supercompañero de ultras el gran Aberto Avín. A menos diez decido ponerme los manguitos, que no llevaba, así que caliento mientras corro al hotel a cogerlos y llego perfecto para no estar esperando mucho.

Saludo a Silvia, que se convertirá en ubicua durante toda la carrera, y que junto a Olvi y Blas convertirán los avituallamientos en un maravilloso deja vú; paso el control de chips y ya estamos en la línea de salida. De la mitad para atrás, como debe ser.

No tenemos plan, yo llevo unas referencias que deberían hacernos llegar en 14 horas y media, pero no tengo ni idea de cómo saldrá la cosa; el camino lo conozco (bueno, todo no, pero si en su mayor parte) y más o menos podremos calibrar como vamos.

Otra de las características, esta negativa para mi, de la carrera, es que como Almu y Pablo están en el último avituallamiento no contaré con sus ánimos hasta que me queden 4 kilómetros; y eso, aunque parezca una tontería, no lo es.

Sea como sea la carrera empieza puntual a las 7 de la mañana; la primera parte es bastante corrible hasta la Peral y más aún teniendo en cuenta que no nos llevan por dónde yo tenía pensado, más sencillo aún, y más rápido.

Comenzamos a coger ritmillo bueno y a pasar gente, quizá vamos demasiado rápido, pero las sensaciones son estupendas y cuando llegamos a la Peral y miramos el crono ya vamos media hora por debajo del tiempo de referencia, buena señal, o mala, según se mire.

En la Peral Olvi, Blas, Lalo,… ufff que espectáculo de gente y de avituallamiento, solo bebo algo de agua y seguimos, llevo 2 litros de isotónico en la espalda, bollinos de leche con jamón, geles y barritas, así que en los avituallamientos agua, fruta y a salir volando.

Blas corre un rato a nuestro lado dándonos ánimos, nos dice que vamos muy bien, así que con los ánimos recargados comenzamos la preciosa subida a la Esfestiella y la no menos bonita bajada a Braña Viecha donde tenemos otro avituallamiento líquido.

Cuando llegamos a Braña Viecha ya llevamos una hora de adelanto sobre el tiempo previsto, paramos a beber, comer algo y sacar los bastones porque aquí comienza lo bueno, la subida a Cerezais y luego al Cornón, altura máxima de carrera con 2188 metros y kilómetro 24.

La subida es dura, sobre todo a partir de Collado las Cerezais, el tiempo no acompaña y la niebla con frío y humedad endurece considerablemente la subida, que ya de por si es complicada. Yo conozco esta parte y se que no debemos cebarnos, cuando coronemos será un cuarto de carrera, queda mucho. Joan nos da ánimos a media subida y volvemos a recargar las pilas de la moral.

Así que a ritmo bueno llegamos al picu del Cornón con algo de sufrimiento, y comenzamos una incómoda bajada primero y una estupenda (y correndera) pista después, que nos pone en Puerto manteniendo la hora de mejora sobre el crono y en los puestos 75 y 76 de carrera. Vaya ambientazo que hay!! La gente aplaudiendo y vitoreándonos, qué pasada!

Nos recibe Olvi en el control de paso y el avituallamiento es un lujo asiático, otra vez Blas y compañía te hacen sentirte como un rey, la verdad es que apetece quedar a tomar algo en serio, pero no hay ron para la cocacola, así que marchamos a ver si en Valle de Lago tienen.

Estamos en el kilómetro 30, mas o menos, y tenemos por delante una de las partes más bonitas (para mi) de la carrera, la ascensión al collado Muñón y el posterior descenso a Valle de Lago. Justo antes de empezar el ascenso encontramos a Fran Huergo que nos da ánimos y comenzamos la subida, que es sencilla pero en la que, una vez, más, me recuerdo no cebarme. En la bajada (larga y correndera) hacia Valle empiezo a no ir todo lo fino que debería, tengo las piernas demasiado cargadas para el kilómetro en el que estamos y la cabeza empieza a tener dudas. Le digo a Berto que nos tomemos la bajada con calma, que no voy bien.

Llegamos a Valle de Lago y seguimos muy por debajo del tiempo referencia, no hemos perdido tiempo pero si posiciones (cosa que nos da lo mismo). En Valle tenemos otro avituallamiento espectacular y ropa para cambiarnos.

Yo no me cambio las zapatillas, las Mantra van como un guante, pero si los calcetines (que placer), cojo la camiseta de tirantes por si el sol aprieta fuerte (amenaza con ello, aunque luego cambiará) y como y bebo bien para ver si recupero.

Paramos nuestros buenos 15 minutos en Valle, se está fenomenal, pero hay que irse, así que nos despedimos y salimos al trote suave en dirección al Lago del Valle. Sigo con sensaciones regulares, Berto va mejor que yo y de vez en cuando tengo que pedirle que baje el ritmo. Renqueo hasta el avituallamiento de Lago, donde Chon y María tienen montada una sucursal de Avientu; tras un botellín de agua del tirón y una vista al precioso paisaje arrancamos para arriba, buscando el camino que por Camayor nos llevará a los lagos de Saliencia, primero, y a la Farrapona, después.

Una vez más, en el camino, caras amigas nos animan (que titanas y titanes: Ana, Desi, Magda, Miguel…), nos dicen que nos ven sueltos y bien (como presta que te mientan); el caso es que cuando llego al collao y veo la kilometrada de correr que nos queda hasta los lagos casi me da mal, es precioso, pero hay que correr como locos o aquí puedes perder todo lo ganado.

Así que vuelvo a frenar a Berto para que se adapte a mi ritmo y poco a poco vamos avanzando por una braña preciosa hasta llegar a la pista de los lagos, que cuesta abajo y luego un poco picando hacia a arriba, nos deja en la Farrapona.

Hasta ahora el tiempo nos ha respetado más o menos, ha llovido un poco en el Lago, pero casi lo agradecimos; yo me he puesto la gorra de lluvia por si acaso, pero no hizo falta sacar la chaqueta, y de esta guisa llegamos a la Farrapona, con más pena que gloria en mi caso.

Con todo, seguimos más o menos una hora por debajo del crono; como y bebo bien, melón y bollinos regado con cocacola y bastante agua, aunque sin saturar. Sacamos los bastones y enfrentamos la otra subida fuerte de la carrera, la que nos dejará en los Bígaros, otra vez por encima de 2000 metros y tras un precioso cresteo.

La bajada a la Mesa es bastante empinada y técnica, así que me la tomo con calma porque puede suponer la puntilla para mis piernas; Evidentemente voy muy bien cuesta arriba y mal cuesta abajo y corriendo en llano, conclusión, que los músculos no van finos, así que hay que guardar, pero no es grave.

Al llegar abajo nos encontramos con Campa y con Isi, que nos animan y seguimos por los Arroxos hacia Saliencia.

Berto va delante tirando, hasta que en un momento se para y me pregunta que cuanto hace que no veo marcas… reconozco que hace bastante, poco después de meternos en la foz, y nos entra la duda de habernos perdido…

Llevamos por delante otros 3 corredores con la misma duda que nosotros, llevan un GPS y les marca que el camino es este, y la verdad es que no vemos posibilidad de habernos desviado, pero la duda está ahí.

Llegamos a la carretera en donde los voluntarios nos confirman que esa parte está sin marcar, porque temas del parque, luego nos enteraremos que se comentó en el briefing, pero como no fuimos… pues eso J

Llegamos a Saliencia amenazando lluvia, y al final se cumple la amenaza en el mismo pueblo; de repente se pone a llover como si fuera el diluvio, y los truenos resuenan por todo el valle.

Blas, omnipresente, con toda su sabiduría ultrera, se da cuenta nada más verme que voy en reserva, así que me sienta y se pone a servirme como si fuera un restaurante de 5 tenedores, me da cocacola, pasta con tomate y no me deja comer el arroz con leche, por aquello de las mezclas…

Efectivamente voy en reserva, mis piernas van cargadas y parar mucho no las mejora, así que salimos aún con la lluvia cayendo pero con la sensación de que, con todo, estamos haciendo una buena carrera y que estamos en condiciones de llegar entre 13 horas y media y 14. Lo que sin duda ninguna hubiéramos firmado a las 7 de la mañana con los ojos cerrados.

Esta parte del camino también la conozco, se que nos queda un tramo muy bonito pero no exento de dureza, aunque siempre que sea cuesta arriba se que voy a mejorar el rendimiento.

La subida que nos deja en la braña la Corra la hacemos con la tormenta encima, afortunadamente no la tenemos justo encima, así que no es tan grave, lo que si nos acordamos es de los voluntarios y de aquellos que les haya pillado en los Bígaros… ufffff…

Paro en la braña a echar un trago en la estupenda fuente y seguimos por el camino real de la mesa, o por el río en el que se ha convertido, hasta la braña de Arbeyales donde nos espera una bajada que ya es divertida de por si, mucho más mojada, hasta el pueblo del mismo nombre. Le tenía algo de miedo yo a la última parte, y no debía ser el único, porque justo donde empieza lo peor de la baja nos encontramos a Juan, que ha subido a ver como estaba la cosa.

La foz de la Guérgola es una pista de patinaje preciosa… así que nos la tomamos con calma y algunos nos pasan bajando, que luego pasaremos subiendo.

Llegamos a Arbeyales, Está Adriana y ya no me sorprendo de encontrarme con Silvia… es el cuarto avituallamiento en el que está… y ya nos ponemos manos a la obra para cepillarnos los últimos 15 kilómetros, queda una tachuela hasta Valle de Lago y luego volando hasta la meta.

La última tachuela se hace larga, pero entre que es cuesta arriba y que la pasta de Saliencia ha hecho efecto como las espinacas de Popeye, vamos dando zapato fuerte con la única idea en mente de bajar de las 14 horas.

En Valle un nuevo avituallamiento en el que paramos a quitar las chaquetas y en el que Henar y Bibiana se desviven por ayudarnos, qué pasada.

Tenemos la moral por la nubes y las piernas por los suelos, ahora ya podemos decir que ta fecho y estamos en condiciones de bajar de las 14 horas. Nos quedan 8 kilómetros cuesta abajo y nos lanzamos a todo lo que nos dan las piernas.

Por fin llego al avituallamiento de Almu y Pablo, abrazos besos y fotos, y media hora para llegar a Pola. Me despido sin gana, y atacamos los últimos 3 o 4 kilómetros.

Casi llegando a Pola nos encontramos a Fer que ya ha llegado pero aún tiene que hacer 15 kilómetros más para cumplir su reto, grande Fer. Lo animamos y nos centramos en llegar, estamos bajando por la carretera en paralelo al pueblo, nos quedan menos de 10 minutos para las 14 horas y no lo vamos a conseguir… hasta que vemos que la carrera coge un atajo, cruza el río y nos deja en el pueblo.

Esprintamos entre risas y entramos juntos con Depa y Rubén jaleando la llegada, en 13 horas, 57 minutos… justito, pero conseguido.

En meta todo son abrazos, Ibo, Blas, Fran, Rubo, no se cuánta gente me abraza y abrazo, todo son felicitaciones, y felicidad, llegar es estar en un globo.

Luego, directamente nos cogemos una mahou y nos sentamos en el bar a disfrutar; poco a poco nos enteramos de las novedades, los ganadores, las retiradas, las incidencias, los amigos…

Una ducha escaldante en las escuelas y ropa limpia, una cena a base de ensaladilla rusa y a esperar al cierre de los avituallamientos para reencontrarme con Almu y Pablo. Llegué a pensar en subir con ellos, pero no tenía ni piernas y cabeza para tanto; así que esperé dando una vuelta, y compartiendo con la gente el fin de carrera, Madri, Marcos, Javi, Rafa… todos nos felicitamos y a todos felicito, en estas carreras llegar es lo que cuenta.

Ya reunidos todos en las escuelas, y puestos al día, tras la cena de Almu y Pablo nos bajamos a la fiesta de la llegada. Casi no puedo caminar, así que me alucina la gente bailando jajaja… tremendo.

Tras la fiesta, y a las 2 de la mañana, un bien ganado descanso en las escuelas solo interrumpido por un ataque de hambre a las 4, solucionado a base de otro mega plato de ensaladilla, es lo que tiene la ventana metabólica J

Al día siguiente, la entrega de premios y la paella espectacular, el jamón (que casi no vi) y los brownies, luego desmontaje y para casa, a disfrutar del estupendo sabor de boca de la carrera, por todo, por lo bien que ha salido, por el nivel, por la participación, por que aunque sufrí lo conseguí (pretender no sufrir no es realista), todo.

Pero, sobre todo, me gustaría terminar con algunas cosas especialmente importantes:

Los cracks: El nivel fue espectacular, pero me quedo con Luis Alberto y con Santi Obaya; la carrera les fue mal, ambos se retiraron; Luis Alberto había llegado a las 3 de la mañana para salir a las 7 y se quedó hasta el domingo en la entrega de premios haciendo fotos y colgándolas en su Facebook agradeciendo a la organización y a los voluntarios la carrera, este tío es el actual campeón del mundo… Santi tuvo problemas físicos serios, no está siendo una buena temporada para él, y espero sinceramente que en UTMB se desquite con ganas de Travesera y de UTDS.

Samu: Le dije que iba a hacer pódium y no fue así por un pelo, el cuarto puesto puede saber a poco, pero cuando ves el nivel de la carrera lo pones en su sitio. Espectacular año de Samu.

Carrera solidaria: La asociación española del síndrome de Noonan, Alcer y Dona Vida tuvieron un peso específico muy importante en todo el fin de semana, las carreras son un escaparate inmejorable para recordarnos, informarnos, y apoyar a estas asociaciones que trabajan sin descanso en  causas que quizá sean pequeñas en números, pero son grandes en importancia.

Organización: Por primera vez me ha tocado ver una carrera por dentro y no puedo más que quitarme el sombrero ante los que estos señores hacen, es mejorable, claro que si, todo lo es; pero ver a Javi llegar el viernes a las 11 de la noche de marcar, o a Juan correr arriba y abajo para comprobar que todo está correcto en carrera, y al día siguiente a recoger, Sergio… ufff, gracias es poco.

Berto: Mi compi de ultras, esta vez le toco tirar por mi, sin él es posible que no hubiera terminado, me quedo con el momento en el que le dije que le estaba retrasando, que tirara sin mi, y me contesto “como en Travesera, salimos juntos y llegamos juntos”. Enorme.

Voluntarios: Los he dejado para el final a propósito; desde la gente que estaba en la entrega de dorsales, el marcaje, los avituallamientos, los controles, fotógrafos, el desmontaje, todo, absolutamente todo fue impresionante; y más aún cuando el tiempo lo puso muy complicado. Se os han dado las gracias de todas las formas posibles y yo no quiero ser menos. El último párrafo de mi crónica está reservado para reconocer la labor de los que más pringan en las carreras; gracias una vez más, sin vosotros esto sería absolutamente imposible. El año que viene estaré entre vosotros, arrimando más el hombro.

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