“Travesera 2014, un sueño cumplido, un mito menos”, Piquero

Travesera 2014, un sueño cumplido, un mito menos.

Es difícil explicar lo que para mi siempre ha significado la Travesera, y sin entenderlo es difícil que esta crónica larguísima cobre todo el sentido.

Decir que para mi la Travesera es la carrera de las carreras es quedarse corto, la pura realidad es que llevo envidiando a los que participaban durante mucho tiempo, siempre los (y las) admiré y me parecieron supermujeres y superhombres.

Y siempre la tuve por un reto completamente fuera de mi alcance.

Y mira por donde estaba yo un 13 de junio de 2014 en el aparcamiento del Repelao, con el dorsal puesto, la ilusión cargada y dispuesto a comerme los 74 kilómetros, o a que me comieran ellos a mi.

 Pero rebobinemos un poco, que antes de eso pasaron cosas.

[Flashback]

Casa de Pablo Muñiz, 31 de enero de 2014, 23:58 de la noche.

Almu lleva el Ipad y yo el portátil, estamos los dos conectados a la página de youevent y comenzamos a actualizar el navegador cada 5 segundos, yo ya estoy dado de alta en la página así que en cuanto abren inscripciones mis datos ya pasan al formulario, momento de tensión con el pago y a las 00:10 un mail confirma que ya tengo el dorsal 241, y que estoy dentro. A los dos minutos el sistema informa que ya no hay plazas, comienza el caos en Facebook mientras yo lo celebro como si hubiera conseguido algo… luego me enteraré de que si, que he conseguido algo bastante complicado…

Febrero-abril: Dimes y diretes, mentidos y desmentidos, la prueba pende de un hilo y nadie sabe nada, el 4 de abril llega el comunicado oficial y muchos (entre los que me encuentro) volvemos a celebrar que la Travesera está oficialmente en marcha. Mientras, planificación de entrenos, y carreras, con un único objetivo, llegar al 14 de junio al 100%.

Abril-junio: Con la retirada de la nieve llegan los entrenos largos, la vuelta al mundo, Dobresengos y Urriellu, Ercina, Cain y Trea,… la carga va en aumento intentando prepararse lo mejor posible, sale el café y entra el Kukicha, entra el hígado con limón y la sobrecarga de hidratos la semana antes de la carrera.

[Fin del flashback]

 

Me había cogido el día 13 para descansar lo más posible, dormir la mañana y si pudiera también una siesta. El caso es que a las 4 y media de la tarde nos fuimos ya en dirección a Arenas con parada previa en Poo a recoger el dorsal, “control” de mochilas y al Cares a tomar algo.

El ambiente ya era de lujo, en la terraza del Cares nos fuimos juntando todos, y los que pasaban por allí que también paraban; nos lo tomamos con calma hasta las 9 que salimos hacia el Repelao en donde habíamos quedado para cenar con Campa, Blas y Olvi (que tres grandes), “medioví” la paliza que le dieron a España con un interés bastante lejano, porque mi cabeza estaba en otro sitio.

La verdad es que estaba muy tranquilo, disfrutando todos y cada uno de los minutos previos; antes de cenar ya me había tomado mi primer café doble y después de la ensalada de pasta y del arroz con leche que me trajo Blas J llegó el segundo, así que bien cargado de cafeína me puse a vestirme con toda la calma del mundo.

En la salida la aglomeración me sorprende un poco, pero pronto empiezan los saludos, los deseos de suerte, estamos a punto de empezar un viaje inolvidable y la emoción y la ilusión se mascan en el ambiente.

Me rodea la mejor gente con la que puedo enfrentarme a este reto, Blas, Dani, Andrés, Rubo, y mi guardaspaldas Berto que no dejará que nadie se nos acerque jamás por retaguardia en toda la carrera.

Demonión al micro dando alaridas anima a cualquiera, y aunque hecho de menos el “Highway to hell” no me da tiempo casi a protestar cuando ya empieza la cuenta atrás y al cero salimos disparados por la carretera que lleva a la basílica, entre los aplausos y vítores de una cantidad de gente como nunca en mi vida he visto en una carrera por montaña.

Blas me dice que nos tiremos a la derecha que están Almu y Pablo, y me da tiempo a verlos y saludar justo al pasar.

Hace un bochorno infernal y son las 12 de la noche… y es mucho peor en cuanto giramos a la izquierda y nos metemos en el bosque que lleva a Orandi, en donde se forma un tapón de gente para ponernos en fila de uno y comenzar la subida.

Pierdo a Blas y Berto coge mi rueda, vamos al ritmo que nos permite la cola, hasta que cuando llegamos al río empezamos a correr y la fila se deshace.

Berto y yo seguimos subiendo a buen ritmo, por el precioso camino que lleva a lagos, la noche está nublada y en algún momento parece que la niebla quiere aparecer, pero es una falsa alarma; casi en Fana cogemos a Rubo y hacemos con él un trozo hasta que lo dejamos casi antes del avituallamiento del Enol; sigo alucinando con la cantidad de gente que hay en el recorrido, y más aún en el avituallamiento ¡Es increíble!

Berto rellena el camel, yo los botes y le espero comiendo algo, hemos llegado a la 1:50 y es mucho mejor de lo esperado, Lastra me dice que me espera en Urriellu, que no tarde y muchos Avientus están animando como locos mientras pasamos por la pista del lago.

 Nos tomamos con calma el camino que nos lleva a Pan de Carmen, se nos ha unido Andrés y vamos trotando, charlando, comiendo y disfrutando de la noche, sabedores de que es uno de los últimos lugares de relax que encontraremos en bastante tiempo.

La subida a Vegarredonda se me hace muy corta, la luna llena asoma de vez en cuando y nos regala una luz mágica, mientras vamos ganando altura hacia el collado la Fragua. Vamos a buen ritmo, yo tiro y los chavales me siguen cómodos, así que adelantamos gente, y nos ponemos pronto en las Barrastrosas que están muy limpias de nieve… que diferencia con hace un mes… y como hace un mes tengo un recuerdo para Pedro Udaondo.

Un poco antes de llegar al Jou de los Asturianos como una barrita que se me hace una bola en la boca y no soy a tragar, tomo nota mental de no comer estas barritas en movimiento y ya estamos en la entrada del Jou Santu; la luna ya se ha decidido a iluminarnos y la nieve ya hace acto de presencia de continuo. Medio esquiamos la bajada al Jou y seguimos a buen ritmo, Andrés se va un poco por delante y estrenamos el primer culoesquí de la carrera que ya nos deja en el pedrero de la collada del Jou Santu. Allí hay un voluntario metido en un saco, valga este ejemplo para reconocer el trabajo y la dedicación de esta gente, me quito el sombrero, son las 4 y pico de la mañana.

En la bajada de Mesones me paro a cambiar la pilas del frontal, el principio de la canal, donde el boquete, es muy mala, pindia y de piedra suelta, además me han aconsejado que no corra bajando Mesones, que eso se paga luego.

Nos pasan Marta Escudero y David, Andresucu se nos ha ido pero Berto y yo seguimos a nuestro ritmo, sabiendo que vamos en un tiempo fantástico para nuestras previsiones.

Al poco nos encontramos con Pivis que se ha hecho un esguince, estamos un ratín preguntándole si necesita algo pero nos convence de que se arregla para bajar a Caín solo, así que seguimos; lástima Iván, pero otras ocasiones habrá.

 Poco después del sedo nos encontramos a Andrés que también se ha torcido un tobillo, no parece un esguince, y como es de noche y no se ve pues le convencemos para que tire delante y no piense mucho en el pie.

Seguimos los 3 juntos y ya estamos en Caín, son las 5:55 y vamos clavando los tiempos que hemos marcado. Avituallamos, y Andrés se toma un ibuprofeno y pone hielo en el tobillo, aquí no se abandona a no ser por fuerza mayor, ha costado mucho estar aquí y los que no han podido estar merecen el respeto de hacer todo lo posible por terminar.

Andrés nos hace una estampida y Berto y yo nos lo tomamos con más calma, nos amanece de repente, como si hubieran encendido la luz, y antes de meternos en el Sedo Mabro la Guardia Civil nos pregunta por Pivis, les decimos a la altura de Mesones en la que está y que es un esguince pero que Iván no es cualquiera, que tiene recursos, deciden subir a ayudarle y nosotros seguimos hacia Dobresengos.

El Sedo Mabro queda atrás, ya nos hemos liberado del frontal y nuestro próximo objetivo es Urriellu. En la fuente alcanzamos a Andrés y ya los tres juntos empezamos la subida de verdad por la canal.

Yo tiro delante y pongo un ritmo en el que sean los pulmones los que hagan el trabajo, vamos sobrados y hasta se me escapa algún cantarían subiendo, estoy bastante eufórico de cómo está saliendo todo, le tenía mucho miedo a la noche y a la transición de Mesones-Caín-Dobresengos y la verdad es que no solo no he tenido problema, lo estoy disfrutando como un enano.

Un poco antes del Jou Grande Bajeru siento debilidad, me doy cuenta de que es un aviso de pájara y que tengo algo de hambre, me regaño por el descuido, no puedes sentir hambre, porque te juegas un pajarón, así que les digo a mi compis que hacemos una parada técnica en la que como bien y recupero para atacar Horcada Caín.

Decir que estamos en una de las zonas más bonitas de Picos es redundante para el que lo conozca, pero da igual la cantidad de veces que pases por aquí, a mi siempre me emociona la belleza de este Jou Bajeru.

Queda poca nieve, así que la subida es un poco penosa, pero estoy 100% recuperado y llegamos a Horcada Caín con la alegría renovada, ya vemos nuestro siguiente objetivo y sabemos que lo que queda es más disfrute que problema.

Así que nos doctoramos en esquí y culoesquí mientras bajamos al Jou sin Tierri y nos lanzamos hacia Urriellu a la carrera, con la moral por las nubes al mirar el reloj y comprobar que vamos 20 minutos por debajo de la mejor de mis previsiones.

Llegar a Urriellu es especial, estoy eufórico; Lastra cumple lo prometido y nos pasa por el photocall antes de que nos pongamos como el tenazas en el avituallamiento, Berto nos comenta que lo ha pasado un poco mal, que no va del todo fino, así que como no hay prisa ninguna nos sentamos, charlando, comiendo, bebiendo y animando al primero de la traveserina que llega y se va como una exhalación… qué bestia…

Yo estoy feliz, ni en mis mejores sueños podía pensar en como me está saliendo la carrera, pero también soy consciente de que queda mucho, mucho…

Salimos hacia la Celada, yo tiro delante en las subidas e intento poner un ritmo en el que vayamos bien, también intento animar un poco a los compis que no andan muy sobrados de moral, la Celada es dura y más duro aún es que mirar la subida de Collada Bonita, así que nos entretenemos viendo a las cordadas en la este y en la sur.

La subida a Colada Bonita tiene bastante nieve, y la verdad es que está bastante dura, hay escalones y buena huella, pero mejor no mirar abajo.

Llegamos a la collada y admiramos la razón de su nombre, le digo a Berto que disfrutemos de las vistas mientras una voluntaria nos indica la bajada, que tengamos cuidado con el tobogán que hay piedras debajo y que hay bastante nieve en Moñetas.

De repente al que no vemos es a Andresucu, ha desaparecido, el tío ha llegado arriba se ha ido y no ha dicho ni adiós, ha salido pitando en busca del pódium sub23… esta juventud…

Así que el dúo sacapuntas nos ponemos con la bajada, primero por un tobogán bastante pindio con cuerda y luego por una sucesión de culoequís muy divertidos.

Si la bajada de Mesones fue interminable, la de Moñetas es eterna, cuando acaba la nieve empieza una zona de llambrias incomodísima, en la que encima nos entra y sale la niebla y empieza a hacer frío.

Pero eso pasa pronto y ya vemos la pista, aún nos queda un rato, pero vamos a llegar en tiempo, así que bajamos a nuestro ritmillo y nos ponemos en las Vegas con 10 minutos perdidos sobre el mejor horario.

Allí me vuelvo a encontrar a Almu, Pablo y Leray después de más de 12 horas de carrera, ¡que alegrión! Les digo que vamos fenomenal y que me lo estoy pasando en grande, y es toda la verdad. Me siento un rato a la sombra y como bien, que aún nos queda Jidiellu…

Andrés se cambia y yo cometo el error de no hacerlo y dejarlo para el Jitu, pero la moral está alta y no le doy importancia, así que enfilamos la pista y nos metemos en Jidiellu. Jidiellu y Valdominguero son mis incógnitas de esta carrera, nunca he pasado por aquí.

Juan Mier nos dice que calemos la gorra y no miremos hacia arriba, que cojamos ritmo y sin pensar.

Evidentemente si te dicen que no pienses en un elefante ¿qué haces? Pues eso, los dos a mirar para arriba… si es que no aprendemos…

Intento volver a poner un ritmo de subida cómodo, pero a los 30 minutos de subida me doy cuenta de que algo no va bien, las piernas funcionan pero los pulmones no, me ahogo.

No soy capaz de coger una respiración normal y me fatigo con mucha rapidez, y vamos a un ritmo bajo. Le digo a Berto que no voy bien y él me anima y me dice que paramos las veces que haga falta.

Tengo que hacer pequeños descansos y me tomo un gel que parece que me revive un poco. Por primera vez en la carrera se me pone una nube negra encima y tengo miedo de no poder terminar.

Jidiellu es una tortura para mi hasta llegar a las cadenas, se convierte en una agonía que me machaca física, pero sobre todo moralmente, llegar a la trepada y los gritos de la gente de arriba me reanima lo justo para coronar el collado, tirarme en el suelo y comer algo.

Justo antes de Valdomingueru hemos visto que se nos une un grupito con Blas, Tinuku, Desi, Susana y ¡Marcos!… que gusto volver a compartir con Blas kilómetros, charla, ilusión, bajamos corriendo por la pista de Ándara camino del Jitu y Blas y yo nos adelantamos un poco y nos emocionamos al llegar, cogidos de la mano y pensando en lo cerca que estamos.

Cuando llegamos el Jitu, con una hora perdida sobre las previsiones, y me encuentro a Almu y a Pablo otra vez, no lo puedo evitar y me pongo a llorar por lo cerca que estoy de conseguirlo, y por lo cerca que he estado de no hacerlo, así es la Travesera, emociones a flor de piel.

Tinuku mete prisa a Blas que nos mete prisa a nosotros y al final no me cambio de calcetines y zapatillas como estaba previsto (error), voy muy cargado de piernas, la subida de Jidiellu y la pista de Ándara me han machacado mucho, y Berto tampoco anda fino con una rodilla.

Portudera es una tortura, quieres correr y lo que te sale es un trote cochinero, más por inercia que porque te quede fuerza.

Justo antes de llegar a Caoru, Berto y yo nos quedamos atrás y les decimos que sigan ellos; se que Blas quería que entráramos todos juntos, pero no puede ser, nosotros tenemos que llevar un ritmo más bajo.

Bajamos Caoru a saltitos, aprovechando los atajos y cuando llegamos al bosque cogemos un trote digno; a diferencia del año pasado nos bajan por los tubos, así que es más llevadero, en cuanto llegamos al puente caminamos y preparamos la entrada, guardamos los bastones y nos ponemos guapos para que nos piropeen delante del Mas&mas, bueno a Berto, que es el petisuí del equipo, a mi no J

Ya estamos trotanto por Arenas, voy zombi, veo a Almu, Pablo, Batalla, Nadia, llevan a un pancarta de ánimo, me paro a besar a Almu, ya está hecho, disfruta del momento, enfilamos la recta de llegada, nos damos la mano, chocamos manos con Calleja, con Chus y oigo a Rubén Nembra chillando mi nombre por megafonía mientras termina nuestra aventura tras 19 horas y 39 minutos.

Abrazos, lágrimas abrazado a Blas (vale, somos unos margaritos), agotamiento, felicidad, pero no euforia; pensé que iba a estar eufórico, pero no es así, estoy sonado y desorientado, recojo la camiseta que siempre he querido tener, esa que dice que “ta fecha” y me hago fotos con ella.

Aún quedan amigos por llegar, e irán cumpliendo su sueño uno por uno, Dani, Rubo, Javi, todos (casi todos) probarán la gloria de la meta de Arenas, igual que yo la saboree y aún la saboreo. Pero la gloria es efímera, apenas dura un segundo.

[Epílogo]

Me dijo Almu que hubo carreras que terminé mucho más contento que la Travesera, y es verdad. Terminar la Travesera era un mezcla de obligación para conmigo mismo y de prueba de superación; para mi era una cosa seria, era jugar en una liga que nunca creí que podría alcanzar. Pero cuando lo hice, me di cuenta que no era eso, que el disfrute de la carrera no estaba en la meta, no estaba en terminar, ni en la camiseta, para mi estaba mucho antes.

Por eso cuando llegué y me convertí en uno de esos finishers no me puse eufórico, la euforia ya estaba superada, la euforia estuvo presente  durante lo verdaderamente importante, en el camino, en la consecución. La meta es el final de la aventura, y hay aventuras que no quieres que terminen.

Hay aventuras que piden bises…

[Fin (del epílogo)]

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