I Trail de los Pastores de Portudera. Crónica de Javier Piquero

Un fin de semana de corremontes 100% era lo que esperaba a todos los convocados por Rubén Carvajal y su organización con motivo de este homenaje a las pastoras, y a los pastores, de Cabrales.

No puedo hablar del Kilómetro vertical, por que no estuve, pero si del Trail del día siguiente… qué carrera, probablemente la carrera corta más bonita de Asturias.

Lo primero que me sorprendió fue la cantidad de gente apuntada… acostumbrado a las restricciones que todos conocemos, y sufrimos, casi 500 participantes en una carrera de estas características no es lo habitual.

Pero vamos al tema…

La carrera tenía un perfil de meter miedo por la cabeza… básicamente era un kilómetro vertical, seguido de un tramo rompepiernas con cresteo inicial, y un final apoteósico bajando “a pico” hasta Arenas en un kilómetro vertical “inverso”,  para que os hagáis una idea… esta bajada final no se planteaba hacer si llovía.

Pero no llovió…

 Otro de los grandes aciertos de la organización fue la hora de salida, la verdad es que las 10 de la mañana es una hora muy prudente, y nos permitió disfrutar de una sesión de sueño reparadora después de disfrutar de una cena inmejorable (espectacular la hostelería cabraliega).

 Le tenía yo cierto respeto a esta prueba, incluso estuve dudando hasta el último momento si salir con mochila… pero al final me pudo la pereza de carga con ella, y acerté porque los avituallamientos estaban bien surtidos y repartidos.

 Por primera vez en una carrera salía con bastones, el plan era intentar cargar lo menos posible las piernas en previsión de lo que las iba a necesitar bajando…

Así que cuando dieron la salida no me volví loco corriendo, quedaba mucha tela que cortar, y solo intenté no meterme en ningún tapón complicado, porque complicado sería también salir de él en la subida inicial.

Poco a poco nos fuimos acercando a la canal de Somas, la carrera se estiró y nos pusimos en fila de uno (no hay sitio para más); en la canal  agradecí mucho los bastones, iba con una buena cadencia de paso y con esa sensación de poder ir un poco más rápido, así que la cosa iba bien.

 Son mil y pico de desnivel, así que cuando llegué arriba no estaba para cantar fandangos, pero el caso es que, una vez más este año, me encuentro con Marta Escudero, y verla me indica que voy en objetivo.

 Una vez que terminamos la canal de Somas nos metimos de lleno en la parte más bonita (para mi) de la carrera, un cresteo rapidísimo en el que vas viendo todo el rato el macizo central, presidido por el Picu.

Aquí me pego a Marta y aprovecho rebufo, como tengo estropeado el DRS y ella tiene más velocidad en recta no la puedo adelantar, así que me doy un homenaje de los que no se olvidan. Probablemente el mejor recuerdo de la carrera, y uno de esos de los que guardas para siempre, fue este cresteo siguiendo a Marta y disfrutando de Picos.

Pelliteru, L’Altu el valle, Tordín, las majadas se suceden a cual más bonita, el camino es muy corrible y disfrutón, un poco antes de llegar al avituallamiento de Urdiales se me une Batalla (otra carrera de menos a más) y me dice que no va fino, que no tiene sensaciones, madre mía el día que las tenga…

El caso es que Marta se salta el avituallamiento y cuando me quiero dar cuenta, mi referencia se me ha ido por patas… Batalla sale a por ella, pero yo paso, me noto bastante cansado y tengo miedo pagarlo en la bajada.

En Tordín me entra la morriña de la Traveserina del año pasado, y me hago la ilusión, y tengo la esperanza, de estar por estos mismos pastos el próximo 15 de junio.

Y ya… como el que no quiere la cosa… estamos enfilando la bajada, ¡¡¡la madre de todas la bajadas!!! ¡Como no te eches un poco para atrás basculas de cabeza! Así que poco a poco y con calma, que ganar ya no gano, y lo único que puedo hacer es perder; tengo objetivos este año que no quiero sacrificar por llegar 5 minutos antes.

 Aún con todo, un par de viajes, o tres, me los pego. Y llego al bosque con una cargada de piernas muy curiosa. Solo queda el último esfuerzo, bajando por la traída de agua todavía tengo tiempo para darme otra culada, y ya estamos en el asfalto, un kilómetro y en meta.

Otra vez pienso en junio y en hacer esta misma recta corriendo con un dorsal puesto… (no se me nota nada el objetivo de este año, ¿a que no?).

 La meta, como toda la carrera, es una fiesta, pero para fiesta la que nos dimos en la comida.

 El resumen: un fin de semana espectacular, por todo, por el hotel, la cena, el desayuno, la carrera, la postcarrera, la comida… todo.

 Y por esa cada vez más grande familia de las carreras de montaña, en la que tengo el orgullo de pertenecer al clan de los Avientus. Una vez más, y este año ya he perdido la cuenta (y lo que me queda) hay que decir bien alto lo que #molaseravientu. Y lo que mola portudera.

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